La Venida del Señor

Introducción

Algunas iglesias y congregaciones cristianas dan mucha importancia a la enseñanza de la “Segunda Venida” de Jesús Cristo. Difícilmente pasamos por una reunión sin por lo menos tocar una referencia sobre este gran evento y son frecuentes los mensajes enteros o sermones que se predican sobre el tema. Otras hermandades apenas mencionan la “segunda venida” y muchos de sus miembros son casi totalmente ignorantes de lo que la Biblia tiene que decir al respecto.

Entonces, para algunas personas este escrito será una introducción al tema, mientras que para otras podría ser un interrogatorio de lo que creen. Vamos a examinar varios pasajes de la Biblia sobre los cuales se basa la doctrina de la “segunda venida”, y veremos si se refieren a lo que a primera vista puede parecer. He puesto “segunda venida” entre comillas por que se que muchas personas se sorprenderán de saber que esta frase no ocurre en ninguna parte del Nuevo Testamento.

Esto nos ayuda a comparar la situación actual con la forma en que fueron los tiempos del Nuevo Testamento. Los fariseos de aquel tiempo estaban esperando la venida del Mesías. No sólo estaban a la expectativa sino que tenía ideas claras acerca de su venida. A pesar de ello no pudieron reconocer a Jesús como el Mesías cuando vino. Podían confirmar con seguridad a través de su conocimiento de las Escrituras, que el Mesías vendría de Belén. El hecho de que Jesús parecía venir de otra parte - Nazareth - fue uno de los motivos por los que lo rechazaron.

Los discípulos de Jesús se escuchaban las Escrituras (lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento) las leían todas las semanas en la sinagoga, y probablemente las conocía mejor que la mayoría de la gente de hoy en día. Sin embargo estaban ni cerca del nivel de conocimiento de las escrituras que los fariseos tenían. A pesar de ello Pedro reconoció a Jesús como el Mesías y los fariseos no lo hicieron. Esto no fue porque Pedro había estudiado todas las escrituras más diligente y con más cuidado que los fariseos. Fue porque se sintió atraído por el mismo Jesús, y recibió una revelación de Dios. El dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente ”. Jesús respondió: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16: 16, 17).

Así que hoy, como entonces, no sabemos nada apropiadamente a no ser que lo sepamos de parte de Dios. Las Escrituras confirman lo que hemos aprendido de él hacia el interior de nuestros corazones.

Cómo se Cumplen las Profecías

Dios revela a sus siervos los profetas lo que está por venir. Todo eso directamente de las páginas del Antiguo Testamento. Pero las profecías no siempre se cumplieron en la forma en que sus destinatarios la esperaban. Los caminos de Dios son más altos que los nuestros y esto es particularmente cierto en el cumplimiento de la profecía. Veamos a continuación cómo algunas antiguas profecías se cumplieron.

A partir del libro del Génesis en adelante hay profecías de la venida del Mesías. Dios le dijo a Eva que su descendencia heriría la cabeza de la serpiente. Eva fue grandemente consolada y animada con esta palabra de Dios, pero no tenía ni idea de lo que iba a suceder. Probablemente se imaginó algún conflicto físico. Tal vez ella se prevé serpientes muertas tiradas por los suelos. En retrospectiva, podemos ver hacia atrás que los acontecimientos fueron enormemente mayores y más importante que cualquier cosa que hubiera podido imaginar Eva. Su descendiente lejano derrotó a todos los poderes de las tinieblas, no por la fuerza de las armas físicas, pero ofreciéndose a sí mismo como sacrificio por los pecados del mundo.

Dios le dijo a Abraham que sus descendientes serían tan numerosos como las estrellas del cielo y como la arena del mar, y que a través de su descendencia todas las naciones de la tierra serían bendecidas. Millones de personas hoy en día afirman a Abraham como su antepasado físico, y probablemente esto es lo que Abraham pensó que era el significado de la promesa. Cuatro mil años después, sabemos que el ojo de Dios descansó principalmente en la multitud de descendientes espirituales que serían los seguidores de la fe de Abraham. El verdadero cumplimiento de la profecía era mejor y más alto de lo que Abraham pudo haber visto en ese momento.

Dios le dijo a Moisés que dijera a la gente que levantaría un profeta semejante a él en medio de sus hermanos. Jesús era como Moisés de la manera en que una mente espiritual entendería. En otros aspectos era muy diferente y mucha gente hubiera fracasado totalmente en reconocer la similitud. Moisés liberó a su pueblo del yugo de la esclavitud en Egipto. Jesús no liberó a su pueblo de sus odiados amos romanos. En su lugar, los libró de una tiranía mucho peor. Él rompió el yugo del pecado y de Satanás que estaba sobre sus espaldas.

Dios le dijo a David que él establecería el trono de su reino para siempre. Me imagino a David maravillosamente feliz de pensar que su linaje se sentaría en el trono en Jerusalén por los cientos y miles de años. El cumplimiento fue muy diferente, pero mucho mejor de lo que había imaginado. Su trono fue ocupado por varios cientos de años por sus descendientes, pero no para siempre. Un día trágico fue cuando después de un largo asedio, los babilonios violaron los muros de Jerusalén. Le sacaron los ojos al rey Sedequías y lo llevaron cautivo a Babilonia. Prendieron fuego a la casa del rey y todos los edificios importantes de la ciudad. ¿Qué había pasado con la profecía que Dios dio a David? El trono físico de David fue desolado, pero el trono espiritual de David será ocupado por toda la eternidad. Jesús va a reinar, y sus santos reinarán con él, hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. La Jerusalén terrenal ha sido hollada por los gentiles durante siglos, y su trono quedó vacante, pero la Jerusalén celestial tiene a Jesús en su trono. El cumplimiento de la profecía era mejor que lo que David jamás hubiera soñado.

Podemos aprender de estos últimos cumplimientos de la profecía. Antes de los eventos tengan lugar podemos saber qué cosas maravillosas vendrán, y debemos prepararnos de la mejor manera posible para cumplir nuestra parte en los propósitos de Dios. Sólo retrospectivamente y en nuestro interior, podremos entender totalmente los planes de Dios, y, como los fieles de la antigüedad, encontraremos que son mucho más grandes y más maravillosos de lo que jamás hubiéramos imaginado.

Vendré otra vez y os tomaré a mí mismo

El mejor punto de partida en el estudio de cualquier enseñanza es el mismo Jesús. ¿Qué tenía que decir sobre el tema, y cómo se relaciona con su vida, muerte y resurrección? Así que vamos a empezar con lo que la gente ha tomado como una clara declaración de su boca en lo que se refiere a su venida.

“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14: 2,3).

Cuando era joven aprendí de memoria muchos versículos de la Biblia y nunca me arrepiento del tiempo que pasé haciéndolo. Lamentablemente, hoy esta práctica es mucho menos común de lo que era entonces. Sin embargo, la desventaja de aprender versos de memoria es que fácilmente se los puede sacar de contexto y esto es especialmente cierto de los versículos que acabamos de citar. Este verso ocurre cerca del comienzo de un largo discurso grabado por Juan la noche de la última cena. Ocupa parte del capítulo 13 y todos los capítulos 14, 15 y 16. Veamos ahora lo que Jesús dijo antes y después de estos conocidos versos.

Corazones Turbados

Juan 14:1 dice: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.” Jesús estaba a punto de partir de este mundo y preparaba a sus discípulos para el trauma que les esperaba y también su separación física de ellos. Decirles que iba a volver físicamente muy pronto y que los llevaría a su hogar celestial, cuando esto tardaría 2000 años, no sería honesto! Sería simplemente una falsa promesa. Si un amigo se compromete a venir a verme y toca el timbre de mi puerta bastante tiempo después de que yo he muerto, no podría decir que él cumplió su promesa. La esperanza que se demora es tormento del corazón; Pero árbol de vida es el deseo cumplido. (Proverbios 13:12).

¿Los discípulos estuvieron con los corazones turbados por el resto de sus vidas, dado a que Jesús les había dejado y no había vuelto? ¿Debemos tener corazones turbados hasta que regrese en persona y nos lleve con él a nuestra futura casa? Esta no es la impresión que se tiene al leer el libro de los Hechos, o al escuchar los testimonios de muchos santos desde aquellos días hasta hoy.

Sus corazones estaban muy perturbados cuando Jesús fue arrestado, juzgado y condenado a muerte. Cuando El salió de la tumba caminó y habló con ellos, y cincuenta días después el Espíritu Santo descendió sobre ellos con poder maravilloso, sus corazones no se turbaron más. Jesús ya no estaba con ellos, pero si en ellos, increíblemente habían ganado más de lo que había perdido.

¿A Dónde iba Jesús?

Los versículos 4 y 5 dicen: “Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”

Thomas, como mucha gente hoy en día, no entendía lo que Jesús estaba diciendo. Él no era particularmente torpe o estúpido. Simplemente tal como nosotros y todos los demás miembros de la raza de Adán, él sufría de la oscuridad de la mente natural. Es probable que al igual que Tomas los otros discípulos no entendieran lo que Jesús decía, pero al menos Tomas no temía mostrar su ignorancia y pedirle a Jesús que le explique que era lo que él quería decir. Si Thomas no entendió lo que Jesús dijo, sin más explicaciones, es poco probable que nosotros lo entendamos!

Jesús explicó que él iba al Padre, y que él era uno con el Padre. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre;… ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?”

Habiendo dicho que él era uno con el Padre, Jesús continuó hablando acerca del Espíritu Santo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” Inmediatamente siguió a estas palabras con la promesa: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” Poco después de esto, dijo: “mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”

3 veces en este capítulo (14) Jesús dijo que vendría de nuevo:

Estas tres declaraciones no pueden tener significados diferentes unos de otros. En la tercera declaración Jesús usa la palabra nosotros, incluyendo al Padre y a sí mismo. Varias veces también en este largo discurso habla de la venida del Espíritu Santo. ¿Cuántas diferentes venidas hay? Creo que estas venidas todas son una y la misma. La venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés fue también la venida del Padre y del Hijo.

Reconsideremos los versículos 2 y 3: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”

Jesús dejaría a sus discípulos en forma corporal, pero Él y su Padre volverían y harían sus moradas en ellos. Las viviendas no son mansiones en el cielo. Las moradas son su pueblo. Nosotros somos las moradas!

Jesús dijo: “para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” No dijo dónde estaré. Durante 3 años, Jesús y sus discípulos estaban físicamente en el mismo lugar. Sin embargo, espiritualmente no estuvieron en el mismo lugar. Él estaba por encima y ellos por debajo. Desde el momento en que se conocieron con Él sabían que Él estaba en un lugar más alto que ellos. ¡Qué maravillosa promesa es cuando vemos su verdadero significado. “Para que donde yo estoy, vosotros también estéis” ¡Cuánto mejor es una realidad espiritual gloriosa ahora, que algunos futuras mansiones físicas en el cielo!

Mansiones

La versión King James de la Biblia en Inglés dice así: “En la casa de mi Padre hay muchas mansiones”. Muchos himnos se han escrito y muchos sermones se han predicado acerca de hermosas mansiones que nos esperan en el cielo. La palabra original en griego μονη. Monee no significa una mansión, sino simplemente una vivienda o morada. Se presenta de nuevo en el versículo 23: “y vendremos a él, y haremos morada con él.” Y en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. El relacionado verbo meno con el sentido de permanecer o morar, ocurre muchas veces. Cabe destacar que en el capítulo siguiente leemos: el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; permanecer en mí es la traducción más natural de la palabra Monee, pero la palabra morada relaciona mejor con la idea de permanecer en Cristo.

Las muchas mansiones de la casa de nuestro Padre no son viviendas de lujo donde nosotros viviremos en el futuro. Somos nosotros, viviendas humanas, donde nuestro Padre ha elegido vivir aquí y ahora.

Las Nubes

Pasemos ahora al tema de las nubes. Cinco escritores independientes o predicadores en la Biblia, incluyendo a Jesús, se refieren a las nubes en el marco de su venida. Tres de ellos están claramente citando al primero que fue el profeta Daniel.

  1. Daniel dijo: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él” (Daniel 7:13).
  2. Jesús dijo: “Verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo” (Mateo 24:30).
  3. Dos ángeles dijeron: “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11) después de que Jesús ascendió en una nube.
  4. Pablo escribió: “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire” (1 Tesalonicenses 4:17).
  5. Juan escribió: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá” (Apocalipsis 1:7).

Tanto el griego y el hebreo, al igual que muchas otras lenguas tienen una sola palabra pero el Inglés tiene dos para el cielo, sky(cielo) se refiere a espacio donde están las nubes y heaven(cielo) al lugar donde habita Dios.

Estas 5 citas nos llevan a la pregunta: ¿Por qué las nubes juegan un papel tan importante en la venida del Hijo del Hombre? Después de todo son sólo las moléculas gaseosas de H20. En la actualidad se puede volar en aviones a través de ellas y muy por encima de ellas. ¿Puede realmente el vapor de agua juega un papel importante en la venida de Jesús?

Pensemos un poco más sobre las nubes. Las nubes consisten de agua pura del cielo. Son formadas por el calor del sol que evapora el agua de la mar o la tierra. El agua de mar que es salada y estéril, o agua turbia de la tierra, es elevada de la tierra, se purifica y se transforma en un estado ralo en la que puede existir en los aires celestiales. A partir de ahí esta agua pura regrese a la tierra y da vida a todo.

¡Qué cuadro tan perfecto de la obra de Dios en nosotros. Por naturaleza, somos como el agua de mar, salada, contaminada y estéril. Dios nos atrae por el calor de su amor y nos purifica y hace sentar en los lugares celestiales con Jesús. Él nos transforma en pura agua de vida y luego nosotros impartimos vida a aquellos que están allí abajo en la tierra.

Jesús no viene en y con nubes de vapor de agua física, sino en y con su pueblo. Judas (citando a Enoc) en realidad dice: “He aquí, vino el Señor con sus santas millares de decenas.” Y en Hebreos 12:1 leemos: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos ...” Así que venir con las nubes es lo mismo que venir con los santos.

Es natural que en la antigüedad la gente pensara de las nubes como la morada de Dios. Al igual, en muchas otras maneras Dios permitió a la gente tener conceptos parciales e incompletos de su naturaleza. Vivimos en una época de plena revelación y entendimiento y debemos estar dispuestos a movernos hacia adelante. Dios no vive en nubes físicas, pero si en lo que las nubes simbolizan - su pueblo.

Las nubes en países como Inglaterra no son muy populares. Producen temporadas frías y sombrías y estropean nuestras vacaciones! En otros países son la vida misma de las comunidades agrícolas. Traen la lluvia vital sin el cual nada puede crecer. Hacen que el desierto florezca como rosa. Traen vida y el crecimiento donde sólo hay esterilidad y muerte.

Una vez más lo que es una imagen de los santos de Dios. Los que son como Jesús y hacen lo que Él hizo. Ellos mismos viven en lugares celestiales y traen vida, salud y bendición para los que viven en la tierra.

Todo ojo lo verá

“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá” (Apocalipsis 1:7).

Supongamos que de nuevo tomamos literalmente estas palabras, ¿cómo las podemos entender? ¿Será Jesús es simultáneamente visible en todas partes del mundo? ¿Y será un día nublado en cada país? ¿O Jesús aparecer en televisión, como algunos sugieren, y será visible simultáneamente en todo el mundo?

Por supuesto, es verdad que todo es posible para Dios. Sin embargo, hay cosas que son consecuentes con su naturaleza y con las Escrituras y con la razón, y otras cosas que no lo son. Dios podía hacer que haya nubes simultáneamente por todos los montes, llanuras, desiertos y mares del mundo al mismo tiempo. Jesús podía aparecer simultáneamente en todas las partes del mundo con las nubes. O podría aparecer en las nubes sobre un país, tal vez Israel, y tener la prensa mundial lista para fotografiar el evento. Dios pode hacer cualquiera de estas cosas, pero este tipo de interpretación no es conforme con su naturaleza revelada y propósitos.

Yo creo que la verdad es mejor y mucho más grande. Creo que vendrá con las nubes y que todo ojo le verá, pero creo que aquellas nubes serán los que están sentados con él en los lugares celestiales. Cuando los hijos de Dios hayan sido transformados a su semejanza, entonces los que quieran ver a Jesús sólo necesita mirarles a ellos.

Cuando algunos griegos le dijeron a Andrés: “Queremos ver a Jesús”, y Andrés cedió a la petición, Jesús respondió: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Dios no se contenta con un solo hijo, quiere mucho más al igual que el primero.

Un hijo no era suficiente para que todos la vean. El hijo primogénito era la semilla que tenía que caer en tierra y morir y así producir una cosecha de muchos hijos más a su semejanza. Dios fue manifestado en Jesús de Nazaret, el hombre de Galilea, pero también quiere manifestarse en hombres y mujeres, en jóvenes y ancianos, latino americanos, europeos, asiáticos, africanos, así como judíos. Debe manifestarse en los sabios y en los sencillos, el fuerte y el débil, los educados y los analfabetos y en la multitud de variaciones que componen la raza humana.

Esta será la manifestación de los hijos de Dios, la que Pablo escribió a los romanos. La creación entera está gimiendo con dolores de parto no por un visita divina del cielo, sino por la manifestación de los hijos de Dios.

Pablo dijo a los Efesios que la multiforme (significado literal del griego πολυποικιλος, muchos colores) sabiduría de Dios seria dada a conocer por la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales. ¡Habrá un arco iris en las nubes!

La palabra de los ángeles

Hemos empezado de la correcta manera, considerando las palabras de Jesús acerca de su venida. Con una mejor comprensión de lo que dijo, ahora podemos considerar las palabras de los demás. Con frecuencia hemos comenzado con las palabras de Pablo, y luego tratamos de hacer que las palabras de Jesús estén de acuerdo con lo que pensamos que hemos comprendido. Pablo, como él mismo nos dice, veía a través de un cristal oscuro. Jesús vio cara a cara.

Hechos 1:11 registra las palabras de los ángeles a los discípulos. “Hombres de Galilea,” dijeron, “¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá otra vez de la misma manera como le habéis visto ir al cielo.”

Estos ángeles se referían a un regreso físico de Jesús de la misma forma que su partida, pero aproximadamente 2000 años más tarde?

La última conversación registrada de Jesús con sus discípulos fue inmediatamente antes de su ascensión. Ellos querían pensar en la restauración del reino de Israel. Jesús quería comentarles más sobre el Espíritu Santo. Él les dijo que esperen en Jerusalén hasta que hayan recibido la promesa del Padre. Dijo que recibirían poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ellos, y que serían sus testigos. Dijo que esto iba a suceder en unos cuantos días más.

Jesús estaba consolando y animando a sus discípulos, informándoles de los eventos en el futuro inmediato. Por tanto, no nos cabe esperar que los ángeles señalaran a los discípulos de un acontecimiento que sucedería 2000 años después. Preferimos suponer que dirían algo que refuerce lo que el mismo Señor Jesús había dicho. Las palabras de los ángeles parecen llevar a los discípulos lejos de lo que Jesús acababa de referirse a un evento completamente diferente. Esto no puede ser correcto, y por ello debemos tener una mirada nueva a la palabra de los ángeles.

¡Además de esto, si Jesús se fue para volver pronto del cielo y exactamente de la manera que él acababa de irse, en un bue sentido común se debería seguir mirando hacia el cielo para lograr el primer vistazo de su regreso!

En su ascensión, Jesús desapareció en una nube. Esto pudo haber sido una nube de vapor de agua, o pudo haber sido una nube de gloria. En el día de Pentecostés, Jesús apareció en una nube. Sin embargo, él no apareció en una nube física como sus discípulos podrían haber esperado. Era una nube compuesta por ellos mismos y sus otros seguidores. Ellos eran ahora una nube de testigos levantados hacia el cielo, y Él apareció en ellas. Así como los ángeles dijeron, era el mismo Jesús. El mismo Jesús que había caminado y hablado con sus discípulos durante tres y medio años ahora estaba en ellos, y manifestándose a sí mismo a través de ellos. Él aparece con gran gloria en una nube celestial de testigos.

Su visita física a su pueblo cuando él vino a la tierra 2000 años atrás fue algo de gran asombro y una multitud de huestes celestiales fueron enviadas para anunciarlo. Su visitación espiritual a su pueblo en el día de Pentecostés fue más asombrosa y más poderosa aún. Su visitación que está por venir mostrará el día de Pentecostés, como solo los primeros frutos de una cosecha mucho más grande que los pensamientos o imaginaciones de aquellos primeros apóstoles.

Por último, podemos detectar una censura encubierta por la forma en que los ángeles se dirigieron a los discípulos. No los llamaron hombres de Dios, o seguidores de Jesús, sino directamente hombres de Galilea. Ellos estaban actuando y pensando (como muchos lo han hecho desde entonces) de una manera humana carnal, y por lo tanto los ángeles se dirigieron a ellos con un título que hace referencia a su origen humano y terrenal.

¿Así que estamos diciendo que Jesús regresó en Pentecostés o estamos diciendo que su retorno es todavía futuro? ¡Las dos cosas! Desde luego vino nuevamente el día de Pentecostés, y su presencia con sus discípulos fue mejor y más maravillosa que cuando estaba en forma humana caminado los caminos polvorientos de Galilea, al lado de ellos.

Pero esa venida no era el cumplimiento total y definitivo de su promesa. Más bien fue el primer adelanto. Era un anticipo de lo grande que vendrá. Ahora, al final de la era llegamos al tiempo de ese gran cumplimiento.

La Palabra de Pablo

A los tesalonicenses Pablo escribió: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos y habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4, 15-17).

Muchos lectores de la Biblia toman estas palabras literalmente y creen absolutamente sin lugar a dudas en una aparición física de Jesús en las nubes y un rapto físico de los santos a reunirse con él allí. En los versículos que preceden a este Pablo habla claramente de los santos que han muerto físicamente, y por esta razón, a primera vista, es lógico tomar también estos versículos literalmente. Sin embargo, ¿Por qué en este punto Pablo tiene una “palabra del Señor”? Creo que esto indica que se está moviendo de lo literal a lo espiritual.

Su lenguaje a los Corintios es similar. Después de hablar acerca de la resurrección de los muertos, escribe, “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocara la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1Cor. 15: 51,52).

Un misterio es muy diferente de un milagro. Un misterio es difícil de entender, mientras que un milagro es difícil de creer. Una cantidad de cuerpos que salen de sus tumbas y vuelvan a la vida sería un milagro más que un misterio. Es difícil de creer, pero no es demasiado difícil de entender. La idea de un rapto espiritual y la transformación, por otro lado, es difícil de entender. Interpretación literal de estos pasajes puede ser difícil de creer, pero no son difíciles de entender. En consecuencia, no se pueden llamar misterios. Interpretaciones espirituales pueden ser descritas como misterios, ya que son difíciles de comprender más que difíciles de creer. Están ocultas de la mente natural. Lo que estoy diciendo es que en lugar de buscar un éxtasis físico, debemos buscar un entendimiento espiritual de estas palabras de Pablo.

Consideremos pues, otras formas de entender las diversas declaraciones de este pasaje. Tres de los acontecimientos más importantes de la Escritura nos ayudarán.

El Señor mismo descenderá del cielo

Esta es la base de todo gran acontecimiento divino. En la primera gran manifestación de Dios a Israel, Él descendió sobre el Monte Sinaí. Jesús cumplió estas palabras cuando descendió del cielo y tomó forma humana y nació en el pesebre de Belén. Pentecostés fue otro descenso de la gracia divina hasta ahora de inimaginable gracia y gloria. En cada caso, como en el caso que nos concierne, él vino a traer nueva vida al hombre. Cada uno de estos acontecimientos tuvo consecuencias de magnitud inimaginable para la raza humana. Este próximo descenso, si en verdad nos atrevemos a creer, tendrá consecuencias aún más amplias y aún mayor.

Con Voz de Mando

Cuando el Señor descendió hablo. En el Monte Sinaí, dio 10 mandamientos y a continuación dio la revelación verbal más importante y poderosa que el mundo jamás haya recibido. La ley vino a través de Moisés. Dios habló palabra a María a través del ángel Gabriel, y la palabra se hizo carne en su vientre. En Pentecostés, las lenguas de los que estaban reunidos fueron desatadas y hablaron la palabra de Dios con un poder sin precedentes hasta entonces.

En cada caso, la voz de mando tuvo efectos globales. Los 10 mandamientos, el evangelio de Jesús, y los efectos de Pentecostés se han extendido por todo el mundo. La venida y presencia del Señor tendrá un impacto aún mayor.

Con Voz de Arcángel

Las Escrituras nos dicen muy poco acerca de los arcángeles. Sólo Michael se describe claramente como uno. Según la tradición él fue el intermediario a través del cual se le dio la ley a Moisés en el Monte Sinaí (referido por Esteban en Hechos 7:38). A Gabriel se le dio el privilegio de anunciar el nacimiento de Jesús, y según la tradición es el ángel nombrado en este pasaje.

Con Trompeta de Dios

Las trompetas fueron utilizadas para anunciar las grandes fiestas del Señor. Los acontecimientos del Monte Sinaí ocurrieron en el día 50 después de la salida de Egipto, y prefiguró el día de Pentecostés, que fue 50 días desde la resurrección de Jesús. En el Sinaí la trompeta el sonido fue fuerte y largo, y el día de Pentecostés, fue como una trompeta espiritual. Jesús también asocia el sonido de la trompeta con su venida (Mateo 24:30). Creo que el pasaje que estamos considerando describe la realización de la Fiesta de los Tabernáculos (ver The Festivals of Israel (Las Fiestas de Israel)).

Los Muertos en Cristo Resucitarán Primero

Pablo escribió a los romanos: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección.” Él no se estaba refiriendo a la muerte física, sino a la muerte espiritual.

Creo que muchos de nosotros ahora están sometidos a una experiencia de muerte. El Día de la Expiación, que de alguna manera simboliza la muerte, precede a la Fiesta de los Tabernáculos, como la muerte precede a la resurrección. Antes de que podamos reinar con Jesús en la gloria de ese festival que viene debemos experimentar sus sufrimientos y muerte. Tenemos que morir a nosotros mismos y al mundo. Mientras este mundo tenga derecho sobre nosotros, no podremos reinar sobre él. El mundo no tiene ningún derecho sobre los que han pasado por la muerte física. Ellos ya no están sujetos a ninguna de sus leyes y costumbres. Se han ido. Esta muerte espiritual tendrá el mismo efecto.

Aquellos entonces que están espiritualmente muertos en Cristo experimentarán una resurrección espiritual.

Nosotros, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos con el Señor para siempre.

¿Vamos a encontrarnos con Jesús en el aire físico? La palabra griega para espíritu - neuma - originalmente significa aliento o viento. Ambos son aire en movimiento. Ya hemos hablado sobre el significado de las nubes como quienes se han purificado y acercado a Dios. El aire es entonces la esfera del espíritu donde habitan esas nubes. Allí es donde nosotros estamos y estaremos con el Señor. Podemos notar de paso que el mismo Pablo no vivió hasta que se llevó a cabo un rapto físico, lo que indica, además, que este pasaje no puede ser tomado literalmente.

Parusía

El título de este escrito es La Venida del Señor. Muchas veces en el Nuevo Testamento, la palabra griega traducida como venida es παρουσια (parusía). El significado literal de esta palabra es estar al lado” (παρα-ουσια) y por lo tanto presencia. Porque uno no puede estar presente sin haber venido es que se le da significado de venida.

Cuando el tiempo no está todavía maduro para una particular revelación creo que Dios a veces deja palabras de doble sentido en la Escritura. La plena verdad está oculta hasta que Dios quiera revelarla. Aunque ambos, venida y presencia son traducciones legítimas de la palabra parousia, creo que se entendería mucho más claro el propósitos de Dios si se re-traducir solo como presencia. En términos humanos, una llegada puede ser un momento dramático y emocional, pero qué pasa después de la llegada es más importante que la propia llegada. La presencia de Jesús es más importante que su venida.

En el evangelio de Mateo, la última promesa que Jesús hizo a sus discípulos fue al de su presencia. Sus palabras fueron “he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” Jesús fue estuvo sin duda presente con sus primeros seguidores después de que él los dejó físicamente. Él ha estado presente con su pueblo en sus sufrimientos y victorias a través de los siglos, desde entonces hasta ahora, y él está sin duda presente con y en nosotros hoy. Sin embargo, creo que pronto experimentaremos esa presencia en un grado mucho mayor que nunca antes.

Pablo dijo a los Efesios que habían recibido las arras, un depósito o pago inicial de su herencia (Ef. 1:14). La implicación es que hay mucho más por venir. Lo más importante está por llegar. Pentecostés era una maravilla. Fue la mayor muestra de la gracia de Dios que el mundo había visto. Superó con creces todo lo que le precedió. Sin embargo, fue pequeño en comparación con lo que ahora tenemos ante nosotros.

Véase también The Man of Lawlessness (el hombre de pecado).

Conclusión

Millones de cristianos han recibido la enseñanza de esperar literalmente una segunda venida personal y físico de Jesús a la tierra. Esta enseñanza se ha basado en ciertos pasajes clave, tales como:

Hemos considerado un cumplimiento espiritual de las escrituras en lugar de una literal.

Este no es el camino de la incredulidad, pero es exactamente lo que Jesús mismo hizo cuando les dijo a los discípulos que se guardaran de la levadura de los fariseos, le tomaron literalmente y pensaron que estaba hablando del pan físico. En realidad se estaba refiriendo a la doctrina de los fariseos. Cuando habló acerca de la destrucción del templo y reconstruirlo de nuevo en 3 días, no se refería al templo literal. Él estaba hablando de su propio cuerpo, el verdadero templo de Dios.

Muchos miembros de la iglesia primitiva habían visto y hablado con Jesús en la carne. No cabe duda de que resultaba difícil renunciar a sus ideas por su presencia literal con ellos.

A primera vista, se necesita fe para creer en un retorno físico de Jesús a esta tierra y un rapto físico de sus santos al cielo. ¿Es esta fe real? ¿O es sólo seguir una doctrina?

La verdadera fe no es un conjunto de creencias sobre el futuro. Tampoco se trata de seguir una interpretación literal de la Biblia. Más bien es oír y recibir la Palabra de Dios en tu espíritu, y actuar en consecuencia.

Aferrarse a una enseñanza en particular sobre el futuro no es verdadera fe. Todo lo que esto logra es solo es consolidarlas a las personas a una secta o a un agrupación doctrinal a la que pertenecen, y así separarlos de todo el mundo que tenga una opinión diferente.

Ver el verdadero sentido espiritual de las Escrituras fortalece nuestra fe y caminar con Dios.

Que Él nos conceda que los ojos de nuestro corazón sean iluminados, para que podamos conocer la esperanza a la que nos ha llamado, la riqueza de su herencia gloriosa entre los santos, y su incomparablemente grande poder para nosotros, los creyentes (Ef 1: 18,19).


Traducido por Yecid Benavides Aliaga.

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